La Comunidad da inicio al proceso para reconocer la trashumancia como Bien Cultural por su relevancia histórica y ecológica.
El 29 de marzo en Madrid, se ha dado un paso clave hacia la protección de la tradición ganadera en la Comunidad de Madrid: se ha iniciado el proceso para reconocer la trashumancia como Bien de Interés Cultural (BIC) dentro del Patrimonio Inmaterial. Las autoridades han subrayado que esta práctica, con raíces profundas en la historia de la región, refleja la evolución social, económica y cultural a lo largo de los siglos.
La trashumancia, que se define como el movimiento estacional de ganado entre zonas de pasto, tiene orígenes que se remontan a la prehistoria en la Península Ibérica. Durante la Edad Media, este antiguo método adquirió un rol fundamental, especialmente tras la creación del Honrado Concejo de la Mesta en 1273, una institución que organizó y reguló el pastoreo trashumante.
Históricamente, la región de Madrid ha sido un corredor estratégico para el tránsito de rebaños, conectando la Meseta Norte con los pastos del sur de España. Esto condujo a la creación de infraestructuras como las famosas cañadas reales, que aún hoy marcan el paisaje de la zona, tal y como se resalta en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM).
La actividad trashumante alcanzó su máximo esplendor entre los siglos XVI y XVII gracias al comercio de lana, pero comenzó a declinar en el XVIII, situación que se intensificó con la desaparición de la Mesta y los profundos cambios sociales y económicos que trajeron la industrialización y la migración del campo a la ciudad en los siglos XIX y XX.
A pesar de que la trashumancia en su forma tradicional ha disminuido considerablemente, todavía se mantienen formas reducidas de movilidad ganadera como la trasterminancia, especialmente en áreas montañosas como la Sierra de Guadarrama. Estas prácticas son cruciales no solo para la sostenibilidad del entorno rural, sino también para la prevención de incendios y la preservación de la biodiversidad, según destaca el BOCM.
Ejemplos actuales incluyen las rutas de ganado ovino y caprino que transitan por antiguas vías pecuarias y los desplazamientos de ganado vacuno entre los municipios serranos, todos ellos ejemplos de la perdurabilidad de estas tradiciones en el tiempo.
Además de su relevancia económica, la trashumancia es portadora de un rico legado cultural, que abarca desde conocimientos ancestrales y gastronomía típica hasta festividades y técnicas artesanales. Las estructuras históricas que sobreviven, como chozos y abrevaderos, son testigos de esta herencia viva.
Con la apertura del expediente, se inicia ahora una fase de consulta pública y solicitud de informes, antes de que se tome una decisión final sobre esta iniciativa.
Las autoridades madrileñas han señalado que esta práctica no solo promueve la cohesión social y la transmisión de saberes, sino que también refuerza la identidad de las comunidades rurales. Además, la creciente inclusión de mujeres en el trabajo de pastoras y ganaderas es un aspecto que enriquece este campo tradicional.
Desde una perspectiva ambiental, el pastoreo trashumante juega un papel esencial en la preservación de ecosistemas, el manejo natural del suelo y la mitigación de incendios forestales, lo que ha llevado a una revalorización de esta actividad como modelo de sostenibilidad en las últimas décadas.
Sin embargo, el gobierno regional ha expresado su preocupación por la falta de relevo generacional, la escasez de mano de obra y la dureza de la profesión, factores que amenazan la continuidad de esta práctica ancestral. En respuesta a estos desafíos, se están implementando diversas iniciativas, incluyendo programas de capacitación y la promoción de productos derivados de la ganadería extensiva, para asegurar su perpetuación y revitalización.