Rosalía eleva Madrid con una fusión de tecno y ballet en su debut español.
En la mágica noche del 31 de marzo, Madrid fue testigo de una experiencia única que solo Rosalía podría ofrecer. La artista catalana capturó la esencia del arte contemporáneo y el fervor del público en su primera presentación en el Movistar Arena, donde el ritmo tecno se fusionó con el ballet y un sentimiento colectivo de éxtasis se apoderó de los asistentes.
Aunque las más de 15.600 almas presentes en el recinto ya habían tenido un vistazo de lo que la gira traía consigo gracias a los videos compartidos en las redes, la noche se convirtió en algo verdaderamente especial cuando Rosalía se acercó a su audiencia, creando una conexión más íntima que nunca.
El escenario se transformó a lo largo de casi dos horas, dividiéndose en cuatro actos que llevaron a los espectadores desde un fascinante mundo de muñecas hasta una meticulosa recreación del Museo del Louvre, donde la famosa 'Gioconda' se sintió más cercana que nunca.
Iniciando el espectáculo con un tutú y zapatillas rosas, Rosalía dio inicio a la velada con 'Sexo, violencia y llantas' y 'Reliquia', temas que también marcan el comienzo de su álbum 'Lux'. Fluyendo entre movimientos de ballet como pliés y relevés, la artista sedujo a su público desde el primer instante, siempre acompañada de una teatralidad palpante en canciones como 'Divinize'.
El clímax de la conexión se dio cuando la artista decidió rodearse de sus fans, quienes actúan como visitantes del Louvre, al unísono cantaron 'Can't take my eyes off you', mientras ella hacía alusión a la icónica Mona Lisa. Este momento subrayó la interacción genuina que deseaba con su público.
El escenario no solo fue un lugar de música, sino también un espacio para la reflexión. La youtuber Soyunapringada se subió al confesionario creado por Rosalía y compartió sus "pecados", a lo que la artista respondió con un toque de humor antes de introducir la canción correspondiente.
La temática religiosa, entre la que se incluía el velo de 'Mio Cristo piange diamanti' y un foso en forma de cruz, estuvo presente a lo largo de toda la puesta en escena, añadiendo una capa de simbolismo que resonó profundamente con la audiencia, culminando en un botafumeiro que iluminó el corazón de la orquesta.
Mientras la velada avanzaba, Rosalía continuó sorprendiendo, pasando de la estética clásica del ballet a una imagen más sensual. En un giro audaz, la artista se despojó de su vestuario primigenio y, con una peluca que evocaba a María Antonieta, se dejó llevar por un 'twerk' en un llamativo culotte fucsia durante su interpretación de 'Saoko'.
La artista, que llegó a Madrid después de posponer su concierto en Milán por una intoxicación alimentaria, confesó a sus fieles que aunque había estado mal, se sentía rejuvenecida en su presentación. Con un guiño de gratitud, agradeció al público por su apoyo incondicional.
En un acto vibrante, el ritmo se intensificó con 'El redentor', donde se unió a la energía encantadora de los Macarines, sus compañeros de música desde 'Los Angeles'. Pero la celebración no se detuvo ahí; en 'Sauvignon blanc', brindó con una copa de vino blanco, haciendo eco a una broma de una fan que insinuó que su verdadera "debilidad" eran sus admiradores.
El desenlace llegó con 'Focu 'ranni', donde la artista, descalzándose y experimentando un verdadero éxtasis, desapareció en el escenario a través de unas escaleras, dejando a todos en suspenso. Con 'Magnolias', culminó la noche pidiendo a su público que cuidaran de su legado en su ausencia, mientras se retiraba con la promesa de volver, con la misma brillanteza que la estrella que siempre será.