En el corazón de Madrid, específicamente en la calle Marqués Viudo de Pontejos, hallamos un encantador destino que deleita a niños y adultos por igual: la casita del Ratoncito Pérez. Este mítico personaje, creado en el siglo XIX por el padre Luis Coloma, nació como un cuento para consolar a un joven Alfonso XIII tras la pérdida de su primer diente de leche.
El relato cuenta que cerca del majestuoso Palacio Real, un pequeño ratón vivía en una caja de galletas que se encontraba en una confitería, y, cada noche, se aventuraba a visitar a los niños del entorno, regalando sorpresas a aquellos que despejaban su camino al perder un diente. Así, el Ratoncito Pérez ha perdurado a lo largo de los años, apareciendo en los sueños de las infancias, siempre dispuesto a dejar un obsequio.
La casita del Ratoncito, ubicada dentro del antiguo registro de gas del edificio, es una obra del portero del inmueble y se ha convertido en un rincón icónico que fascina tanto a los residentes de Madrid como a los turistas. Aunque no es común toparse con el ratón en persona, su hogar siempre da la bienvenida a quienes pasean por la vibrante ciudad.
A pesar de su simplicidad, este adorable refugio está repleto de detalles que lo hacen especial. Durante las pasadas festividades navideñas, por ejemplo, se pudo admirar un diminuto árbol adornado, un buzón dedicado a las cartas para los Reyes Magos, y hasta una pequeña pata de jamón, todo un guiño a la tradición de las cenas familiares en estas fechas festivas.
El hogar del Ratoncito también se transforma según la temporada. En verano, el pequeño roedor convierte su casita en un oasis de relax, con piscina, hamaca y sombrilla para escapar del calor sofocante que frecuentemente se siente al alcanzar temperaturas superiores a los 35 grados en la capital.
La celebración de Semana Santa tampoco pasó desapercibida, ya que el Ratoncito decidió incluir en su decoración un pequeño nazareno, evocando a las tradicionales procesiones que inundan las calles madrileñas. Halloween, por su parte, ofrece otra ocasión para que este curioso roedor adorne su hogar con telarañas, calabazas y una escoba de bruja que parece haber sido olvidada.
La festividad de San Isidro, patrón de Madrid, es otro de los momentos que el Ratoncito celebra con entusiasmo. En estas fechas, lo podíamos ver vestido de chulapo, mientras su hogar se adornaba con un impresionante mantón de manila, típico de las festividades en la Pradera, todo en un ambiente festivo y castizo.
Es posible visitar esta encantadora casita de forma gratuita, aunque los curiosos deben prepararse para hacer fila. Desde su puerta, se puede contribuir con donativos en una hucha que ayuda a mantener este mágico rincón, convirtiéndolo en una parada imprescindible para quienes buscan un poco de ilusión en medio del bullicio urbano.
Sin embargo, la casita de la calle Marqués Viudo de Pontejos no es la única propiedad de Pérez en la ciudad. En la calle San Vicente Ferrer, en el número 48, se encuentra otra habitación secreta, protegida por una mampara de cristal y repleta de detalles en miniatura, que también cambia su decoración según la temporada, pero siempre incluye un delicioso trozo de queso madrileño.
Otra de las viviendas del ratón está ubicada en la calle Velázquez, 13, justo debajo de una clínica dental. Este hogar resulta más espacioso y está claramente identificado por una gran placa que anuncia la presencia de su singular inquilino.
Más allá de estas adorables casitas, Pérez ha dispuesto de diversas puertas a lo largo de la ciudad, una de las cuales se halla en la céntrica calle Arenal, permitiéndole desplazarse entre los edificios sin ser visto. Además, en la salida del metro de Banco de España, se encuentra un acceso secreto bajo las verjas que rodean las escaleras, facilitando al pequeño ratón entrar rápidamente al metro y alcanzar a los niños que lo esperan ansiosos por los regalos que traerá tras perder sus dientes.
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