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Madrid 28 de Marzo de 2026 · 07:46h 3 min de lectura

El ajuste horario afecta el sueño infantil hasta por diez días.

El sábado por la noche, la transición al horario de verano volverá a poner a prueba los ritmos biológicos de muchos, especialmente de los más vulnerables: los niños. Este ajuste temporal generará sensaciones similares al 'jet lag' durante unos días, provocando en los pequeños efectos como irritabilidad y somnolencia que pueden extenderse hasta por diez días.

Los cambios en el horario y las rutinas cotidianas afectan especialmente a niños y ancianos, quienes son más susceptibles a estas variaciones. Esta adaptación gradual puede ser notoria, ya que el organismo necesita tiempo para reacomodarse a su nuevo ciclo diario.

El nuevo horario de verano comenzará este fin de semana, regalándonos más horas de luz, pero también alterando nuestros ciclos circadianos. Específicamente, cuando el reloj marque las dos de la mañana, será una hora más tarde, es decir, las tres. Esta modificación, aunque parece insignificante, tiene implicaciones profundas para nuestro bienestar hormonal y metabólico.

La doctora Milagros Merino Andreu, experta en trastornos del sueño en el Hospital Universitario La Paz de Madrid, puntualiza que la adaptación al nuevo horario puede tomar entre tres y cuatro días. Sin embargo, los más pequeños pueden experimentar esta transición de manera más prolongada, debido a la inmadurez de su reloj biológico central.

La calidad del sueño es fundamental para el desarrollo de los niños. Sin embargo, un alarmante 25 por ciento de los menores enfrenta problemas de sueño, y tan solo el 30 por ciento de los niños mayores de 11 años logra descansar las horas necesarias, de acuerdo con la Sociedad Española de Neurología.

A pesar de que los efectos del cambio de hora son generalmente leves, estos pueden complicar las rutinas de los bebés y pequeños, lo que a su vez puede llevar a dificultades para conciliar el sueño, episodios de despertar nocturno, cambios en el apetito, irritabilidad y falta de concentración.

La doctora Merino también menciona que un niño que no ha dormido lo suficiente se muestra irritable y distraído, lo que puede interferir en su capacidad de atención y aprendizaje. Aunque esto no suele presentar consecuencias preocupantes, es importante ser conscientes de cómo el cambio de horario afecta su bienestar diario.

Para mitigar estos efectos, la especialista recomienda establecer horarios regulares y consistentes, sobre todo al momento de acostarse y en las actividades diarias. Implementar rutinas relajantes antes de dormir, como baños o lectura, y fomentar la autonomía al dormir en su propia cama puede resultar beneficioso en esta fase de adaptación.

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