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Madrid 2 de Mayo de 2025 · 09:06h 3 min de lectura

La histórica cervecera El Águila inicia su camino hacia la protección como Bien de Interés Cultural.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha decidido dar un paso significativo en la preservación de su patrimonio industrial al iniciar el proceso para declarar Bien de Interés Cultural (BIC) a la emblemática fábrica de cervezas El Águila y los elementos de la antigua fábrica de lozas de Valdemorillo.

Establecida a inicios del siglo XX, la fábrica de cervezas El Águila, con su distintivo estilo neomudéjar, fue diseñada por el arquitecto Eugenio Jiménez Corera y ha dejado una impronta significativa en el paisaje madrileño. Este complejo, que ahora alberga el Archivo Regional y la Biblioteca Joaquín Leguina, será protegido por su valor arquitectónico dentro de la corriente industrial que floreció en Madrid durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.

La Consejería de Cultura, Turismo y Deporte ha confirmado que se tomarán medidas para salvaguardar los muros y elementos arquitectónicos más representativos de los siete pabellones que conforman El Águila, actualmente un espacio cultural de gran relevancia. En particular, destacan los elementos conservados tras las rehabilitaciones realizadas entre 1999 y 2003.

Además de la estructura general, el gobierno local también atenderá la protección de elementos icónicos, como los rótulos cerámicos en las fachadas, la emblemática figura del águila de bronce y los antiguos raíles que aún recorren el corazón del complejo, legado de su historia industrial.

La historia de El Águila comenzó en 1900, cuando Augusto Comas y un grupo de socios establecieron la cervecera con una inversión considerable, aprovechando su ubicación estratégica cerca de la estación de Delicias. Esta cercanía les proporcionó una ventaja esencial en la logística y distribución de su producción.

Durante su auge, la fábrica se convirtió en un referente en el mercado cervecero de Madrid, junto a otros reconocidos establecimientos. La calidad del agua proveniente del Canal de Isabel II y la accesibilidad a la cebada hicieron de Madrid un lugar ideal para la producción de cerveza. La fábrica, completada entre 1903 y 1904, fue un símbolo de innovación y tradición.

Con el paso de los años, la industria cervecera sufrió transformaciones significativas, adaptándose a nuevas tecnologías y expandiéndose. Sin embargo, a medida que avanzaba la década de 1980, El Águila se enfrentó a la competencia y cerró sus puertas, dejando un legado industrial que aún perdura.

Por otro lado, la antigua fábrica de lozas de Valdemorillo también recibirá la distinción BIC. Los restos de esta factoría, que incluye elementos de gran importancia como los hornos de botella y el depósito de agua, representan un patrimonio industrial que merece ser preservado.

Fundada en 1845 por Juan Falcó y sus socios, la fábrica de lozas prosperó gracias a la destreza de sus trabajadores y la calidad de sus productos, aunque enfrentó varios desafíos a lo largo de su historia que culminaron en su cierre en 1914. Sin embargo, tras la Guerra Civil, algunos de sus hornos principales y otros elementos han logrado sobrevivir hasta hoy, lo que brinda una oportunidad invaluable para conservar la memoria industrial de la región.

La reciente decisión del gobierno regional subraya la importancia de proteger y valorar el patrimonio industrial, asegurando que las futuras generaciones puedan comprender y apreciar la rica historia de sus fábricas y el impacto que han tenido en la identidad de Madrid.

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