Los comercios tradicionales mantienen su éxito sin rebajas, apostando por la calidad atemporal de sus productos.
La rica herencia comercial de Madrid brilla a través de sus tiendas centenarias, las cuales se destacan no solo por su larga trayectoria, sino también por un compromiso inquebrantable con la calidad y la atención al cliente. En un mundo donde las modas son efímeras, estos comercios han logrado salir adelante, sin depender de descuentos estacionales, manteniendo sus productos a la venta durante todo el año.
Entre estos tesoros se encuentra Casa de Diego, un establecimiento que ha resistido la prueba del tiempo desde su apertura en 1858, justo en la Plaza de la Puerta del Sol, frente al icónico Oso y el Madroño. La tienda es famosa por su espectacular vitrina de abanicos artesanales, únicos en la ciudad, y ha mantenido su esencia a lo largo de casi dos siglos.
Sin embargo, Casa de Diego no solo ofrece abanicos. También se especializa en paraguas, sombrillas, mantones y bastones. Aunque su oferta abarca una variedad de productos, son los abanicos los que continúan siendo su principal atractivo. Jesús Llerandi, quien ha liderado este negocio durante 35 años, observa que ha habido un notable cambio en la clientela: “Antes, la mayoría de nuestros compradores eran madrileños y solo compraban abanicos en verano, pero hoy en día el 90% de nuestras ventas provienen de turistas,” señala.
Esta emblemática tienda, que Jesús comparte con su hermano y a la que actualmente colaboran diez empleados, se ha adaptado al nuevo mercado sin recurrir a las rebajas, algo que Llerandi afirma nunca haber hecho en su vida. “Las rebajas son un invento, aquí el valor de lo auténtico es lo que prevalece,” agrega. A pesar de la pandemia que obligó a cerrar su fábrica y tienda, la clave de su éxito radica en la calidad de sus productos, su especialización y su inmejorable ubicación.
Un lugar cercano y con una historia igual de rica es Pontejos, una mercería clásica de Madrid que opera desde 1913. Este establecimiento, famoso por sus tradicionales ruedas de botones de madera, sigue siendo testigo del paso del tiempo gracias a la dedicación de su cuarta generación, María Rueda. “La nueva generación es clave para nuestro éxito. Las personas desean tocar y ver los productos antes de comprarlos. La tecnología es útil, pero no sustituye la experiencia física”, asegura María.
A pesar de que Pontejos no realiza rebajas, ofrece precios competitivos, ajustando su oferta para brindar siempre la mejor calidad. María comparte que la situación de la pandemia complicó las cosas, pero su resiliencia y la conexión con el cliente les permitió navegar la crisis. Utilizando herramientas modernas como la Inteligencia Artificial para la gestión web, mantienen la esencia del comercio tradicional.
Lejos de allí, en la calle de Toledo, Casa Hernanz ha mantenido viva la tradición de la alpargata desde 1845. Marta y su hermano, parte de la quinta generación, gestionan un negocio que sigue atrayendo a turistas de todo el mundo, especialmente de América Latina. “Nunca hemos hecho rebajas porque nuestro producto es exclusivo y está disponible durante todo el año,” explica Marta, subrayando la importancia del contacto humano en la tienda.
Al igual que otros comercios centenarios, la Casa Hernanz reconoce que la experiencia física supera a la compra online, un aspecto crucial en su estrategia de venta. “El cliente quiere sentir el producto antes de llevarlo, y nosotros estamos aquí para guiarles y proveerles el mejor servicio,” añade Marta.
Finalmente, en la Plaza Mayor se encuentra La Favorita Casa Enguita, un emblemático establecimiento dedicado a la venta de sombreros y gorros desde 1894. En esta tienda, el compromiso con la calidad y la atención al cliente ha sido fundamental, y su cuarta y quinta generación trabajan incansablemente para perpetuar esta tradición. Marta Enguita, quien ha estado en el negocio durante más de 25 años, recalca la importancia de mantener un trato personalizado con los clientes, un aspecto que, sin duda, refuerza la fidelidad y satisfacción del público.
Estos comercios centenarios no solo representan un legado de Madrid, sino que son símbolos de perseverancia y adaptación en un entorno cambiante. Su enfoque en la calidad, la atención individualizada y el respeto por la tradición son claves en su éxito, mostrando que hay un lugar fundamental para lo auténtico en la economía actual.
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