Los Reyes Magos se unen a héroes literarios para celebrar el poder del conocimiento en medio del frío.
El 5 de enero, Madrid se convirtió en el escenario de un espectáculo lleno de ilusión y alegría, gracias a la esperada Cabalgata de Reyes. Este evento, que este año se erigió bajo el inspirador lema "El saber compartido", llegó para desafiar el frío que envolvía a la ciudad tras las nevadas de la noche anterior.
La celebración de este año rindió tributo a las Majestades de Oriente, quienes son considerados los "guardianes de antiguos saberes", así como a todas aquellas personas que fomentan la curiosidad y el aprendizaje. Entre los encantadores personajes que desfilaron se pudieron ver figuras icónicas, como el valiente Don Quijote, acompañado de su leal amigo Sancho Panza, y personajes de las aventuras de Julio Verne, incluyendo al intrigante Capitán Nemo.
El recorrido del desfile comenzó a las 18:00 en la emblemática plaza de San Juan de la Cruz, avanzando a lo largo del Paseo de la Castellana hasta la grandiosa plaza de Cibeles, donde el termómetro marcaba 2°C, aunque la sensación de frío era de -2°C. Durante tres horas llenas de magia festiva, alrededor de 2.100 personas participaron activamente en este evento, repartiendo un total de 1.200 kilos de caramelos sin azúcar entre los asistentes.
Con el vibrante sonido de la Wallof Sound Marching Band de Wisconsin, el ambiente se encendió cuando comenzó el desfile. En medio de esta sinfonía festiva, apareció una majestuosa figura de la estrella de Oriente, rodeada de constelaciones y ángeles, iluminando con su fascinante resplandor la tarde madrileña.
En el Paseo de la Castellana, niños bien abrigados y emocionados esperaban la llegada de los Reyes Magos, pidiendo con alegría dulces que lanzaban a su paso. Con gritos de "Chucherías" y "¡aquí!", tanto pequeños como grandes no pudieron resistir la tentación de recoger los caramelos que los Reyes ofrecían desde sus carrozas brillantes.
La primera carroza en aparecer fue la del Rey Melchor, magníficamente decorada en verde y representando la astronomía. Este monarca hizo su entrada rodeado de planetas, en un carro que evocaba un gran telescopio. A continuación, llegó el Rey Gaspar, en un vistoso atuendo rojo, acompañado de un carruaje que simbolizaba las ciencias. Finalmente, el Rey Baltasar, con su traje azul, representó la literatura, ya que su carroza estaba adornada con un enorme libro.
El desfile continuó con un séquito que celebraba el cosmos y la curiosidad, reuniendo grandes figuras celestiales y pájaros luminosos que avanzaban junto a planetas y constelaciones danzantes. Mientras algunas carrozas animaban a los presentes con villancicos, otros ritmos contagiosos fueron aportados por la Swing Engine Marching Band, que llenó el aire de confeti y burbujas, creando un ambiente aún más festivo.
Con la participación de aproximadamente 2.100 personas, la Cabalgata de Reyes volvió a llenar de luz y alegría a Madrid, en un evento que reunió a siete compañías españolas, tres internacionales y más de 250 pajes reales, demostrando así que la magia y la ilusión son universales y siempre bienvenidas.
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