Una madre valiente enfrenta la violencia de género por el futuro de sus hijas: "Mi hija mayor aspira a estudiar".
MADRID, 1 Feb. — En medio de estos días lluviosos, la historia de E.T. resplandece como un faro de esperanza. Esta madre africana ha vivido en España durante más de veinte años, enfrentándose a desafíos que incluyen violencia de género, desahucios y la búsqueda de empleo. A pesar de reconocer que ha estado al borde del abismo varias veces, su mayor fuerza proviene de sus tres hijas, quienes la inspiran a superar cada obstáculo.
El ciclo de transformación de E.T. comenzó en 2019, cuando se unió a la YMCA y al programa CaixaProinfancia de la Fundación la Caixa, diseñado para ofrecer apoyo integral a niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. “No puedo explicar cómo llegué aquí, estaba en un punto muy crítico. Mi hija mayor era adolescente, la siguiente era más pequeña y la última apenas tenía un año. Me sentía completamente perdida”, confiesa en una entrevista con Europa Press.
Fue en ese momento de crisis que E.T. comprendió que necesitaba pedir ayuda. Reconoció que no contaba con las herramientas necesarias para enfrentar la vida. Su llegada a esta organización marcó un giro significativo, brindándole el apoyo que necesitaba para recuperar la confianza en sí misma.
En este proceso, Silvia Castillo, trabajadora social de la YMCA, ha jugado un papel crucial en su crecimiento. E.T. admite que sin el apoyo de Silvia, habría sido mucho más difícil. “Visitaba muchos lugares, pero necesitaba a alguien que realmente comprendiera mis dificultades. Venía muchas veces llorando a estas sesiones”, recuerda.
El proceso de apoyo comienza con un diagnóstico que identifica las áreas más vulnerables de cada persona. Silvia explica que, a partir de allí, se definen las acciones a seguir, que abarcan aspectos como la vivienda, el desarrollo personal, y el ámbito educativo o relacional.
“El programa no está solo destinado a padres y madres; siempre involucra a los hijos. Ellos participan en actividades diseñadas específicamente para ellos y, según el diagnóstico, trabajamos en ámbitos diferentes. Mis colegas se enfocan en los menores ofreciendo programas educativos, actividades de ocio y campamentos, mientras yo me ocupo de las intervenciones sociofamiliares”, amplía.
E.T. llegó a España en el año 2001, proveniente de un lugar donde las oportunidades educativas para las mujeres eran limitadas. Aunque inició sus estudios en Comercio Exterior con el sueño de convertirse en jueza, diversas circunstancias le impidieron alcanzarlo.
Los capítulos de violencia de género que enfrentó la dejaron sintiéndose impotente, especialmente cuando notó que su hija mayor estaba a punto de abandonar sus estudios. “Ella era consciente de la situación y empezó a asumir responsabilidades que no le correspondían a su edad, lo que afectó su rendimiento escolar”, explica con tristeza.
Al unirse a la YMCA, sus hijas recibieron el apoyo educativo que necesitaban. Silvia resalta que, además del refuerzo académico, se elaboran planes individualizados para atender las particularidades de cada niño, no limitándose solo a las materias escolares convencionales.
Las referencias a la YMCA suelen provenir de servicios sociales, pero también hay casos remitidos desde colegios, centros de salud o de la misma organización, tal como sucedió con E.T. Al principio, fue atendida por otra profesional con el objetivo de encontrar empleo, pero decidió priorizar su situación personal antes de avanzar en esa dirección.
E.T. habla con optimismo sobre su evolución desde que llegó al programa. “Me siento empoderada y fuerte. Al inicio, me sentía llena de miedos, pero ahora confío en mí misma y en mis objetivos. Aprendí que el cambio depende de mi propia creencia y esfuerzo, algo que antes no tenía”, afirma con determinación.
Actualmente, E.T. se prepara para opositar, pero su mayor alegría radica en el cambio visible en su hija mayor, quien ahora aspira a cursar una carrera universitaria. Aunque el camino no ha sido fácil, E.T. anima a otras mujeres en situaciones similares a que busquen ayuda a través de estos programas.
“Lo más valioso es el acompañamiento. Aprendí a elaborar un currículum y recibí apoyo emocional para afrontar mis retos. Si bien es cierto que el esfuerzo personal es fundamental, el apoyo que se ofrece es crucial”, recalca.
El programa CaixaProinfancia de la Fundación la Caixa, activo desde 2007, busca facilitar este tipo de acompañamiento a través de una vasta red de entidades sociales y en colaboración con los servicios públicos. En los próximos años, se tiene la meta de alcanzar a 7.345 niños y adolescentes vulnerables en la Comunidad de Madrid, proporcionando educación, actividades recreativas y apoyo psicosocial a las familias.
Los datos revelan que el 84,7% de los niños que participan en el programa logran graduarse al finalizar la educación secundaria, superando en 2,6 puntos porcentuales la media nacional. Adicionalmente, la tasa de abandono escolar entre los beneficiarios se sitúa alrededor del 3,5%.
Este programa se extiende por todas las comunidades autónomas y ciudades autónomas, operando en 155 municipios a través de 475 entidades sociales y con un presupuesto anual cercano a 82 millones de euros.
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